Joaquín Ma Córdoba "Un caballero español en Isfahan"

La embajada de Don García de Silvia y Figueroa al sha Abbás el Grande (1614-1624)

Parte 6. Persépolis

Ex cursus: la identificación de Persépolis y la escritura de los antiguos persas

M. Serrano y Sanz convirtió en capítulo VI del Libro Cuarto del manuscrito del embajador, el manojo de folios que hoy merece la mayor atención de los estudiosos, porque reúne una excelente descripción de las ruinas, su identificación razonada y la primera propuesta conocida de que los signos cuneiformes habrían sido la escritura propia de los antiguos persas. El embajador habla de la gigantesca plataforma revestida de gruesos sillares de cantería, que apoyada en la ladera del Kuh-i Rahmat sirvió de base al conjunto de edificios, como una gruesa muralla de piedras de mármol «de maravillosa grandeza y de más de dos picas de alto».

Persépolis (XVIII)Persépolis (reconstrucción)


Al subir por las enormes escalinatas, notó el tamaño colosal y la perfecta talla de los escalones, y ya arriba, se asombró ante el pórtico «que sustentauan dos grandissimos cauallos de marmor blanco, mayor cada uno dellos que un gran elephante», A la derecha del pórtico contó veintisiete columnas que por «su mucha grandeza, ... llaman los persianos y arabes quarenta alcoranes» -quiere decir al minares- como las «torrezillas, ... que tienen en sus mezquitas principales», describiendo la planta y las filas de columnas de la que hoy sabemos que fue la apadana, reparando en su enorme altura -que calcula «de sesenta hasta setenta pies de altura, sin la basa»-, el perfecto ajuste de los tambores y el no menos perfecto cuadrado de la sala.

Apadana hoy díaPanorama de Persépolis hoy día


Describe luego su paseo por otros conjuntos de ruinas, y creo que llamó «lonjas» a los conjuntos que hoy designamos palacios de Darío, Artajerjes I, Jerjes, Artajerjes III, Palacio D y Tripylon, con sus relieves, puertas y marcos de ventanas tallados en mármoles y piedra negra, tan perfectamente pulidos que el gran mastín que acompañaba al embajador empezó a gruñir a su misma imagen reflejada «con mucha rrisa de los que estauan presentes».

Plano de Persépolis


Los relieves le admiraron mucho, tanto por los tipos como por la perfección de la talla y su variedad, mandando a un pintor del séquito que sacara algunos dibujos del natural, los primeros tomados in situ por un profesional, aunque la mala fortuna haría luego que quedaran olvidados durante siglos en los manuscritos de la Biblioteca Nacional.

Dibujos de los relieves en el manuscrito


Siguiendo su paseo hacia la ladera, percibió el viajero otro edificio mucho mayor, con puertas y ventanas y numerosas columnas derribadas en el patio -probablemente se refería a lo que hoy llamamos Sala de las Cien Columnas-, notando luego que en los arquitrabes y frisos había inscripciones pintadas -como por desgracia todavía es hoy frecuente en las ruinas de todo el mundo- por visitantes árabes, armenios, indios y de otras naciones. Pero sobre todo fijó su atención en las inscripciones profundamente grabadas y labradas muy hondas en distintos sitios, como el «triunpho de la escalera», de las que mandó copiar un renglón, «cuyas letras, ,.,conpuestas todas de pirámides pequeñas puestas de diferentes formas», estimando que éstas eran las escrituras de los antiguos constructores.

Los signos cuneiformes de las inscripciones antiguas en el manuscritoLa inscripción en Persépolis


Más allá, en plena ladera, sus acompañantes accedieron a las tumbas de Artajerjes II y Artajerjes III, y distinguieron la cisterna llena de agua limpia de las lluvias.

Las tumbas antiguasLa tumba de Artajerjes II


Acabada la descripción, Don García argumenta por qué piensa que Chilminara debía haber sido Persépolis, recurriendo tanto a las fuentes clásicas como a la evidencia visible y los informes que en España le había facilitado fray Antonio de Gouvea. Y concluye que esa fue la verdadera Persépolis reencontrada «la qual por tantos siglos a estado sepultada». La última anotación es de una melancólica y poética belleza, cuando dice que al anochecer, recogiéndose el embajador hacia Margascan, sobrevoló su séquito gran número de cigüeñas que a su vez volvían a los nidos instalados sobre las legendarias columnas.

Cigüeñas en PersépolisVisitando Persépolis


(continuará)